Textos

Mundo macho, de Terenci Moix

Terenci Moix: Mundo macho.

Edición a cargo de Pedro Manuel Víllora.

Prólogo de Pere Gimferrer.

Planeta, Barcelona, 1998.

Casa de juegos prohibidos, de Ana María Matute

Ana María Matute: Casa de juegos prohibidos (Textos inocentes).

Edición e introducción de Pedro Manuel Víllora.

Espasa Calpe, Madrid, 1997.

 

Casa de juegos (Textos inocentes) surge del intento de hacer una lectura inocente de la obra de Ana María Matute. Ha sido preciso olvidarse de teorías y conceptos previos, de todas esas cosas que uno aprende y que en verdad no valen para nada.

La noche no es hermosa, de Terenci Moix

Terenci Moix: La noche no es hermosa (Textos de Eros).

Edición e introducción de Pedro Manuel Víllora.

Prólogo de Rafael Conte.

Espasa Calpe, Madrid, 1994.

Círculo de Lectores, Barcelona, 1995.

Planeta DeAgostini, Barcelona, 2002.

 

"Toda mi obra está escrita desde dentro de un universo erótico" -dice Terenci Moix-, entendiendo erotismo como una forma de creación. Aquí estamos, por lo tanto, en esta selección de título inquietante -La noche no es hermosa-, ante una antología del núcleo central de su obra, quizá su inspiración mayor, los Textos de Eros, los más significativos de toda ella, lo que tal vez lo convierta en un título revelador de todos los demás.

Electra en Oma

Electra en Oma.

Fundación Valparaíso, Mojácar, 2006.

Prólogo de Santiago Martín Bermúdez.

 

 

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Hubo un tiempo en que el nacionalismo tuvo el canto y el apoyo del poeta. Hoy, como demuestra Electra en Oma, se ha quedado sin canto y sin apoyo. Se ha quedado con el aparato corrompido y corruptor. Tal vez le baste con eso, tal vez era eso lo que siempre buscó. El caso es que no se puede tener el canto al mismo tiempo que la mentira. Antes o después, el poeta se da cuenta de su error y, lamentando que una vez más se haya hecho uso espurio de su blancura, retira el apoyo a los recolectores de nueces. Víllora pertenece ya a esa generación a la que no le hace demasiada mella renunciar a la mentira del nacionalismo, sabe que eso no es progreso, que eso no es libertad, sino mordaza. Esa mordaza que el corifeo acaba reconociendo: "He sido tan cobarde como cualquier otro al aceptar ciertas cosas sin rebelarme". Esa causa es la causa de lo pequeño y lo vil: "Eres pequeño, Egisto -le espeta Electra al flamante tirano-, y por eso intentas que Argos sea tan pequeña como tú". "Lloran la suerte de Argos -dice Demódoco de las gentes del Coro-, sometida a un poder excluyente que nada quiere saber de los que no le son fieles ciegamente".

 

¿Le sorprenderá a alguien que Víllora le dedique esta obra a las víctimas?

Santiago MARTÍN BERMÚDEZ